jueves, 8 de diciembre de 2016

JOSÉ MARÍA VELÁZQUEZ-GAZTELU [19.714]


José María Velázquez-Gaztelu

Escritor y poeta, nació en Cádiz y pasó su niñez y juventud en Arcos de la Frontera. Reside en Madrid. Ha publicado tres libros de poemas: La ceniza (Carabela, Barcelona, 1967), Ritos (Adonais, Madrid, 1971) y Los límites del desierto (Visor, Madrid, 1998), presentando éste último en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid, y en el Ledbury Poetry Festival, Inglaterra, con ilustraciones musicales del guitarrista Paco Cepero y la cantaora María Vargas. 

Sus poemas han aparecido en distintas antologías y en revistas especializadas. Ha sido coguionista, entrevistador y flamencólogo de las series de TVE “Rito y Geografía del Cante” y “Rito y Geografía del Baile”, 113 programas con la presencia de Pilar López, Antonio, Pepe Marchena, Antonio Mairena, Caracol, Paco de Lucía, Menese, Camarón, Morente, Antonio Gades, Manolo Sanlúcar, etc. Ha dirigido y producido discos donde han intervenido Pedro Bacán, Fernando Terremoto, José Menese, Manuel Morao, Pedro Peña o Carmen Linares. 

Como guionista y documentalista cinematográfico, trabajó durante cinco años en el antiguo No-Do, y para el Canal 13 de la Televisión Mexicana escribió y realizó la serie “El Camino de la Rosa”, rodada en Marruecos, México y España. Ha sido asesor de Basilio Martín Patino para la serie de televisión “Andalucía, un siglo de fascinación”. 

Por encargo del Festival de Sinaloa, México, escribió y dirigió el espectáculo “Músicas y danzas del flamenco puro”, con El Güito, Carmen Linares y José Mercé. Es colaborador asiduo del sello discográfico RTVE Música, para el que dirige la Colección Nuestro Flamenco. 

Representando a RNE, consiguió en la República Checa el Premio BRNO con el programa “Los palmeros”. 

Con motivo del “Día Especial Euroradio 94”, y desde el Teatro Monumental de Madrid, dirigió y transmitió en directo para toda Europa e Israel el Concierto Flamenco de Navidad. 

Colaborador del Instituto Cervantes y de la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales, ha pronunciado conferencias en universidades, centros culturales y conservatorios de España, Marruecos, Inglaterra, Jordania, Egipto, Estados Unidos, Líbano, Siria, Francia, Japón, Alemania y Holanda. 

Por encargo del Festival de Teatro de Almagro escribió en 2001 el espectáculo “De mis soledades vengo. Los clásicos y el flamenco”, que se representó en 2002 en el Teatro Real de Madrid. 

Desde 1984, escribe, dirige y presenta el programa de Radio Clásica, RNE, “Nuestro Flamenco”. Actualmente es responsable de las páginas de flamenco de El Cultural y dirige la colección Rito y Geografía del Cante, una serie que se presenta con nuevo formato, totalmente restaurada y ampliamente documentada, de la que es también autor de los textos y de la investigación. 

Recibió el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología en 1972 por la serie de televisión “Rito y Geografía del Cante”; en 1979 por sus artículos y reportajes sobre flamenco, publicados en diarios y revistas; en 1997 por su programa de radio Nuestro Flamenco, de Radio Clásica, RNE, y en 2008 por la dirección, documentación y libretos de la nueva colección “Rito y Geografía del Cante”. 

Es Medalla de Oro del Festival de Arcos de la Frontera, Premio de la Crítica Flamenco Hoy 2003 y 2006 a su labor de difusión del arte flamenco, Insignia de Oro de la Asociación Cultural Flamenca Manuel Soto Sordera, de Jerez de la Frontera, Insignia de Oro de la Peña de los Pueblos Blancos, de Arcos de la Frontera, Cádiz, Premio De Flamenco.com 2006 por la nueva colección en DVD Rito y Geografía del Cante, Premio del Festival Internacional del Cante de las Minas 2006 por la nueva colección en DVD de Rito y Geografía del Cante y en 2007 en el apartado de Poesía. 

Es Gaditano del Año 2006 en el apartado de literatura. 

José María Velázquez-Gaztelu ha sido galardonado con XI edición del premio Fray Luis de León de Poesía, EN EL AÑO 2015, por su obra Cuadernos de la eternidad. 


EL REGRESO DE ULISES

Has visto
los labios sellados con piedras del desierto,
el sueño que se extingue,
los ojos, ya huecos, quemados por el fuego
de los pozos de petróleo, el trueno
de los gritos cruzando las turbias galerías
sin luz de Abu Ghraib,
las plumas del buitre carroñero
sobre el mármol de la pila de abluciones,
las sombras que se mueven y acuden a los ritos
que invocan el presagio,
las torres del hotel Palais Jamais y abajo, abarcando la medina,
el lamento del muecín hundiéndose en la noche,
el eco redoblado en las mezquitas,
el canto tribal de los esclavos,
la leve claridad de redención cuando amanece
y se doran las cúpulas de Fez, ciudad de turbación y de clemencia.

Has visto
el tálamo vacío, la seda carcomida en los telares,
el pomo azul de cuarzo estrellado contra el suelo,
no hueles su perfume, lo adivinas en la fiebre y la vigilia,
Penèlope y su rostro nublando los espejos,
y lloras por tus hijos -venganza de la ausencia,
el haberlos tenido tanto tiempo en el olvido-,
que murieron perseguidos por las bombas
en las calles de Bagdad.



YOKO

No viene del aire la oscuridad
sino del viejo salón violeta que habita Yoko,
cuando pasa fugaz su sombra
disolviendo las cortinas
y el vapor de los espejos.
Entre sus manos ofrece
la flor marchita del ritual del humo
purificado en la urna del Templo de Senso-ji.

Igual que su memoria,
imprecisa en el origen
del ocaso que lento la va envolviendo,
Yoko perfila un color
en su recuerdo dormido,
intenta rescatar la silueta
azul del Monte Fuji, el interior diamante
de luces del barrio de Shinjuku.

Vive entre sueños, atravesando
la espuma viscosa del lupanar,
y un leve fulgor se posa sobre sus ojos ciegos
mientras la noche se abre
al susurro profundo
del mar de Tokio.



EL JARDÍN EGIPCIO

Regresar a un jardín habitado por las sombras
como aquel, silencioso, que sirve de frontera entre las aguas
del río inabarcable y la grada de piedra que baja sinuosa
del hotel Safir, de El Cairo.
Allí nacen sonidos de otros tiempos,
lejanos en su ronca salmodia apagada por la niebla.
Murmullo profundo, invisibles pescadores
que flotan con sus cantos en espacios cercanos a la muerte,
maestros en el arte de faenar en la hondonada,
en las turbias corrientes y el bullir
del lodo que viene del desierto
y que arrastra con vigor el Nilo.

Regresar a un jardín donde renace
la huella de los sueños que se posan
sobre el aire sagrado del viejo corazón
de un río prisionero de la historia, de la guerra y de la magia,
y oír, en la quietud que marcan los abismos
del cauce que se extiende por el mundo,
las palabras secretas que ocultaron
los reyes de estas tierras
y que nunca nos fueron desveladas.



LA COPA VACÍA

Cae la noche sobre las columnas de mármol que sostienen
las terrazas más altas del Hotel Sham Palace. A sólo un paso
de allí, en la débil frontera que separa la vida del aniquilamiento,
la bestia se relame oculta entre las sábanas channel
degustando la sangre derramada en la última mezquita.
Debajo de nosotros se extiende la ciudad iluminada
como un manto de fuego que sube hasta los montes
que rodean a Damasco, eterna visión que se interrumpe
cuando pasa veloz sobre los templos
el pájaro que vuela hacia la muerte
del vecino país, buscando carroña en las ruinas.

Belleza y destrucción caminan juntas, al silencio le sucede
la turbia algarabía de gritos y de sangre después de la explosión
en un mercado, al rito de la dicha lo señala la sombra inabarcable,
al abrazo de la amante lo cubre el exterminio, y al cuerpo fugaz,
desnudo en la tormenta, el amargor
de tu risa helándose en la copa
vacía mientras llueve en las terrazas
más altas del Hotel Sham Palace.




REVELACIÓN

Una mañana de niebla
caminas por la Plaza
de los Libreros del Gran Bazar de Estambul,
y una voz que no conoces
dice de pronto en la tienda
de Muzaffer, el viejo
sheik de ojos azules:
"Sabiendo lo ya que sabes,
mantente también sereno
lo mismo que una montaña".
Te oigo, Hakim Sanai, la flor solitaria de los desiertos,
escribiste doce mil versos
en tu jardín amurallado
de la verdad secreta,
pero éste me atribuló, mientras camino
sobre la piedra brillante
acariciado por el eco
de los pregones, y en la ceguera
de un resto de luz que no se extingue
me afano por encontrar
lo que pude saber un día
y el paso torrencial del tiempo,
que nunca tiene retorno,
lo fue ocultando.







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LUIS GERMÁN SIERRA J. [19.713]

Fotografía: Laura Sierra Botero



Luis Germán Sierra Jaramillo

(Girardota, Antioquia, Colombia 1957)
Cursó estudios de Español y Literatura en la Universidad de Antioquia; realizó los diplomados Literatura del siglo XX en la Universidad Eafit y Corrección de Textos en la Universidad de Antioquia. Es coordinador de actividades culturales de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la Universidad de Antioquia y editor de la publicación Leer y releer de la misma institución.
Ha publicado artículos, ensayos y reseñas literarias en Revista Universidad de Antioquia, Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, suplemento Generación del periódico El Colombiano, Agenda Cultural y periódico Alma Máter de la Universidad de Antioquia. En 2009, junto con Robinson Quintero, escribió el ensayo “Un panorama de las tres última décadas” para la reedición del libro Historia de la poesía colombiana de la Casa de Poesía Silva. Ha publicado poemas en revistas y en algunos libros colectivos. Coda de silencio es su primer libro de poemas.




del libro Coda de silencio, de Luis Germán Sierra J.


Ceremonia

Mi padre,
con su orgullosa barbera de carey,
se afeita mientras toma un café.
Cuando abre la boca
para templar la piel
empaña el espejo
justo donde cada mañana
repito la misma ceremonia



Atisbo

El frío levanta
–curiosos–
los pezones de las muchachas.



Como a un animal

Como a un animal
les abrimos la boca a las palabras.

Las obligamos a decir
lo que habían callado como piedras.

Y hablaron resentidas del amor,
del largo hastío que prepara el tiempo.




Poema frío

En la felicidad
no cabe el poema,
él es harina de otro costal.

Se sirve frío,
lejos del entusiasmo
de la sangre.

Ni el abrazo ardoroso
ni el espléndido viaje

dictan un buen poema.




Coda de silencio de silencio me parece un libro leve, emocionado, pensativo, con el encanto que tienen las cosas apenas insinuadas. Se lee y se entra en un estado de levitación que se sostiene con elegancia hasta su vuelo final, levitación que continúa más allá de la lectura, que es cuando se aprecia en realidad su poesía, cuando nos conversa finalmente su poesía.

Tal vez un buen poema es ese que deja sin palabras a su lector, o dicho de otro modo, que lo palabrea en su silencio meditativo. Los buenos versos prefieren hablar después de cantar. En este libro pasa felizmente esto: el verdadero final de cada texto es el silencio, es decir, cada poema comienza cuando termina. Ese es el juego. Esa es la coda.

Esta es la primera colección de versos de Luis Germán Sierra. No lo felicito. A los poetas no se los felicita (en la felicidad/ no cabe el poema,/ él es harina de otro costal). A los poetas se los admira.


Por Robinson Quintero Ossa
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JORGE IVÁN GARCÍA [19.712]


Jorge Iván García

Armenia, Colombia 1963. Hizo parte del colectivo cultural Sonorilo. Sus poemas han sido publicados en varias revistas y libros, entre los cuales cabe mencionar Papeles y Razones, 1989; Quindío vive en su poesía y Antología poética del siglo, 1999. 


Estos poemas hacen parte de su libro inédito Una camisa blanca y otros harapos.

Siémbrate

Siembra una semilla
en la tierra de tu mano.
Ponle un madero horizontal
para que nadie la pise.

De mañana sácala al sol
y rocíale un poco de agua.

En la tarde
dale buena sombra.

Abónala de vez en cuando.
Háblale, no la olvides.

Cuando se avise el tímido fruto
no pretendas apurar
el paso de su siembra.

Cosechará en tus manos.



Ausencia

Ve a la fosa
toma un hueso en tus manos
suavízalo
lábralo
tórnalo dócil
amalgámalo de tal manera
que le des la forma
de un cristalino vaso
ahora
bebe con el recuerdo
los días que te quedan
de soledad.



Poema para una camisa blanca y desgastada 
que deja ver mis huesos

La verdad es que esto no es un poema.
La palabra “poema” es sólo
Una estrategia de venta
-Recuerden que soy hombre, y ante todo
Estoy hecho para el engaño-
Aunque en mis otros poemas
-Que no son poemas-
Insinúe que no quiero engañarlos.

¡Pero basta ya! He perdido media página
Y sólo quería hablarles de

Una camisa blanca y desgastada que deja ver mis huesos.

¡Vaya torpeza! Cómo malgastamos el espacio.
Ya no hay lugar donde plasmar
Aquello que en un principio
Pensaba que podría ser.

Dejemos este oficio a los inoficiosos.

Me pongo la camisa
Y salgo de nuevo al mundo.



Diosa alada

Una mariposa se ha posado en mi mano.
Con su antena palpa la yema de mi dedo.
Me pregunto cuántos millones de años
Le llevó a la naturaleza crear
Esta perfecta y vulnerable criatura.
El conocimiento es vano,
Dejo el lápiz y contemplo los movimientos
De esta alada diosa.




Dejemos tranquilas a las piedras

Por ahora, no las juzguemos.

No preguntemos por su milenaria juventud.

A las verjas de madera roída
No las reprochemos.

A los desérticos campos,
No les recordemos los tiempos de grana,

A las solitarios portales
No les pidamos cuentas
De quién ha entrado y no ha vuelto.

A las tardes grises no las miremos.

Bajemos la cabeza por un momento,
Si es posible,
Arrodillémonos,
Cuerpo, alma y sueños.

Ahora escuchemos el silencio
Del polvo de los caminos



                     
Del libro inédito: Haiku de la Cabaña


En el perchero
Del sombrero ajado
Sale la araña  

                                                                                               
Qué soledad
Hasta las cucarachas
Son grata compañía


Luz de luna
Qué delgada mi sombra
En la pared


Roza la niebla
La copa de los árboles
Colina arriba


Casa desolada
Junto a la alberca vacía
Una vaca


Voy de prisa
También las nubes pasan
Vertiginosas


El anciano
Con el bastón señala
Su cabaña


¡Qué felicidad
La de esos pájaros
Bajo la lluvia!


Caminando
En el marco de mis gafas
Una hormiga


Apago las luces
El grillo ensaya su canto
Para la noche   
                                    





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MIYER PINEDA [19.711]


Miyer Pineda

Tunja, Colombia  1979. Licenciado en ciencias sociales y magíster en historia de la UPTC. Uno de los ganadores en el concurso de poesía "Descanse en paz la guerra" organizado por la Casa de Poesía Silva en 2003. Ha publicado Cuerpos en braille (2005) con UPTC, El hastío de las manos (2010) con la biblioteca pública municipal Zenón Solano Ricaurte de Duitama Boyacá y Bocetos para la acontista (2015).


Madre

1

Sus ojos de mujer hebrea
Dos escarabajos
cargando el peso de la noche
Cambiándola de sitio:
mudándola de cuadro
Sus ojos iluminando el mundo
- para que se le abran las semillas y las flores -
Sanando sus fracturas
Los picotazos de los pájaros


2

A veces pienso que Madre es una mujer lisiada
Y entonces me dan unas incontrolables ganas de llorar

Como si la escuchara cantar nuevamente
y pudiera bucear en su música

Como si esa música sorda fuera un faro para mi perdición

Ella es el canto que se ocultó en el envés del silencio

La siento como la hoja de un árbol que nunca termina de caer


3

Madre es esa vieja silla en la que se sienta la muerte a esperar nuestro regreso

Su delantal le teme a los puñales y al fuego de la estufa de carbón
Donde Padre quema las cartas muertas que le envía

Obligada por los pretextos de la herencia y de la expansión del universo
Madre tuvo que mudar su jardín al camino
Desde entonces nuestros rostros han sido destrozados por las flores

Ella olvidó los nombres de todos sus hijos para no verlos morir
Los atravesó con las agujas con los que ella teje la melancolía
Y los sepultó en el cementerio secreto de su sombra

Dentro de ella un perro ciego vela nuestros huesos

El tren le hace temblar el alma durante las madrugadas
Y ella se levanta y le hace el desayuno al hijo menor que la mantiene

En el hogar las cucarachas se extinguieron cuando el abuelo murió
Volverán con la lluvia cuando Madre se vaya


Mi viejo y el mar

 Mi casa está en el mar con siete puertas
P. Guerra

1

Mi padre que viene del mar
No comprendía las voces que decían que sería un ángel a la diestra de Dios

Los aguaceros en el patio de su alma desenterraron
los juguetes con los que nos distraía de la muerte

Con el tiempo sólo oía el viento:
La música de una mujer muriendo en el poniente
en las orillas de un árbol

Los huesos de mi padre fueron arrojados del abismo
y él no tuvo quien los defendiera

Su nombre fue borrado y no hubo una palabra que lo reemplazara
en el corazón de los verdugos


2

Padre es el triste pájaro milenario que de vez en cuando sale a recorrer las ruinas

A beber cerveza mientras cae el sol calcinando ángeles y bendiciendo vírgenes
A buscar árboles que hayan sido cobijo de fantasmas, de perros moribundos y de rameras

Todas las mujeres que se acercaron a él perdieron el equilibrio para siempre

Padre es una montaña sagrada
La isla que palpita en nuestras pesadillas indicando el camino de regreso



Pátibulo

I

Padre es una madriguera de fantasmas
El patíbulo en el que todos nos sentamos a desearnos la muerte

Para atravesar el desierto y el aburrimiento de los días
nos llena de silencio

Es el insecto que nos sigue y se adentra en nosotros
y prepara su mudanza


II

Las aves que vuelan sobre su cabeza
y que hacen el ruido que permite que se despeguen los parpados

Puede que al llegar al umbral pasen de largo

que se internen en busca de su nacimiento
en las selvas oscuras de su corazón


III

 “Sí. Supongamos que soy un samurái derrotado”.
Hugo Chaparro Valderrama
Ustedes saben ¿No?
Uno abre las manos para que vuelen las palabras
Y ellas caen como insectos calcinados por la música
que camina descalza en otros huertos
Uno va solitario por la acera y entonces tropieza con el niño que fue
Y él diciéndose en silencio (como siempre) que nació muerto
que esa sonrisa de ocasión no ha sido usted
que ese desprecio de las horas no es su voz
¿Qué de bello hay en el mundo? Usted pregunta
Y él señala un cuerpo putrefacto   hermoso por el hambre
como el cuerpo de aquella mujer que nos tejía en la sombra
justo antes de que empezaran las faenas del dolor
¿Qué de bello hay en el mundo? Usted insiste
Y él enseña el arma
Y entonces usted recuerda que era el arma de su padre
Y  lo recuerda ebrio, y  lo ve llorar antes de irse
Y entiende que fue la única vez que vio llorar
a ese hombre al que llamaba padre
¿Qué de bello hay en el mundo?
Y él comienza a introducir el arma entre su boca



Moneda de tres caras

El milagro tiene derecho a imponer condiciones
Borges

Quizá padre y madre nos odiaban
Y por ello nos heredaron los pedazos que salvaron de su mundo
y que nos permitió que aborreciéramos el cielo

Quizá por eso nos trajeron a este pueblo de ángeles enfermos
donde la noche confunde nuestros pechos con su clavicordio

Quizá por eso las formas de la sabiduría y la maldición de los ancestros:
La luna horadando nuestros huesos
en busca de las palabras que los olvidaron en la lluvia

Quizá padre y madre nos odiaban y por ello nos heredaron la belleza
Y nos rellenaron de aserrín como a los cantos de los pájaros


IX

Su cuerpo
¿Qué ángeles dementes serán los arquitectos de los
Trazos?

¿Qué dios deforme reflejado en el agua
me obliga a buscar en lo profundo la llave para su
Candado?

Contemplo las costas mientras se desnuda

Como una condenada a muerte
Como una mendiga ebria que sonriendo 
le reparte al mundo sus ultimas monedas



RÉQUIEM

Hay una hora del sueño en la que todos nuestros muertos nos recuerdan, nos ponen bajo el yugo del herrero y nos hacen otro eslabón de su cadena.

Andrajosos, ellos caminan con nosotros, van heridos, enfermos de la noche.

Pero hay una hora de la muerte en la que no se sueña.

En ese momento se acercan a nosotros todos los habitantes de ese reino, nos observan como a esa parte de la brida que salpica a veces por fuera del camino.

Esa es la hora de la fúnebre música. El momento en el que todas las larvas dormidas en nosotros (ya la noche las despierta) salen heridas, enfermas de la noche; son la plaga que azota como un jinete del Apocalipsis, son el río que sirve de tumba a Emil y Lady Marion (recorren su cuerpo, lo acribillan).

Esa es la hora del ángel, el que desaparece todo con solo un parpadeo.







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IDIEL GARCÍA [19.710]


Idiel García

Villa Clara, Cuba (1980). Poeta y narrador. Ha publicado los libros de poesía Los días de mi muerte (Editorial Capiro, 2007), El jardín de las delicias (Ediciones Sed de Belleza, 2010), Cementerio de sombras (Editorial Capiro, 2013), Manual de las ilusiones (Editorial Capiro, 2015), con el que obtuvo el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en su XXVI Edición, 2014. Las novelas para jóvenes Déborah y las abejas (Editorial Capiro, 2016); y ¡No soy un héroe! (Ediciones Áncoras, 2016). Textos suyos aparecen en las antologías Faz de tierra conocida (Letras Cubanas, 2010), La calle de Rimbaud (Ediciones Aldabón, 2012), El árbol en la cumbre (Letras Cubanas, 2015) y Estos poetas del milenio... (Fundación Memoria Cultural, Miami, 2015). Ha obtenido el Premio Nacional de Cuento Cesar Galiano, 2011; el Premio Nacional de Reseña Crítica Segur, 2012; el IV Premio Internacional de Poesía “Ángel Ganivet”, Helsinki, Finlandia, 2012; entre otros. Es egresado del Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la UNEAC y de la AHS. Fue Presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Villa Clara. Actualmente es el coordinador de Ediciones Sed de Belleza.


Arte poética

Entro a la vida del poema
a través de una puerta:
las manos solitarias en la palidez
busco degustar mis propias revelaciones
¿las hubo? ¿las habrá?
dejo úlceras en el papel
      /oficio de farolero
      /en país muy grande

busco la perfección en el poema
pero hay demasiada suciedad en el mundo

el inframundo
      /casi microscópico
que nos guarda de (des)hacer
con las falsas remuneraciones del pasado
a través de los años
fingiéndose no ser
      /el ser
que hemos sido
y seremos

recolectar es persistir
hasta la nueva página.



Vicarias

MientrasEobservoElasEvicariasEsilvestresEde este patioE(en este
patio siempre ha habidoEvicariasEsilvestres) intento escribir una
sencilla carta capaz de redimirme de tanto desacierto /una carta
que pueda demostrarte quien soy…
   (soyEalguienEqueEmira vicarias silvestresEatravésEde una
ventana) escucho la lluvia y pienso en ti /como si en este mundo
no hubieran más que vicarias silvestres.



Eros de los locos

Los locos aman con un amor distinto
se olvidan de los parques mientras la lluvia cae
y su rara felicidad viaja de norte a sur
ellos no saben que están exorcizándose
en las faldas que pasan bajo los paraguas
sin conocer que hay alguien pendiente de sus dudas
una estrella atiendo entre la muchedumbre
la madona no sabe que hay una mano ardiente
escudriñando en sus rincones más secretos
los locos aman con un amor distinto
por eso son felices /nadie les corta:
la tarde es imposible para amarnos
ellos cruzan la tarde y entran en el amor
solo le hace falta una calle con sombra
una mujer sin nombre sentada en una acera
una brisa inocente que les enseñe el mundo
y algún bolsillo roto donde guardar la mano.

De Los días de mi muerte (Capiro, 2007)



Primera ilusión

Hombre soy. Un condenado
por el pleistoceno herido.
¿Por cuánto tiempo escondido?
¡Por cuánto tiempo callado!
Sonámbulo consumado
convivo con el deseo.
De todas las sombras reo
con manos de simio puro
siento venir el futuro
y no comprendo. No creo.



El otro yo

No sé cuál de los dos escribe esta página.
J. L. B.

Alguien escribió por mí
estas líneas olvidadas.
Sólo existo en las pedradas
azarosas. Me escondí
en el otro que no fui
cuando el otro ya era viejo.
Yo soy el otro. Gracejo,
con el último acertijo.
Soy el otro. Soy el hijo.
Voy camino del reflejo
de un fantasma —material
fuera del que soy—. ¿Adónde
desterrar al que se esconde
en alguien que no soy? —Mal
concepción de lo fatal
para descifrar lo escrito—.
El otro no es infinito.
Yo y el otro nunca hablamos.
¿Quién sabe si nos amamos
los dos con un solo grito?
El otro empuja la pluma
hacia un mundo indescifrable.
Yo trato de ser amable
pero no puedo, la bruma,
la sombra que soy, la espuma
se aglomera en la memoria.
El otro alcanza la gloria.
A través de mí se salva.
Nadie marcha con el alba.
Soy un muerto sin historia.
A veces soy en los días
del otro, un fantasma avieso.
Imagino que estoy preso
en el otro que me espía.
De ser solo una utopía
no soy nadie, apenas soy
la sombra hacia donde voy
en el otro que me escribe.
¿Seré acaso yo el que vive?
¿Quién me inventa? ¿Dónde estoy?
Yo soy el otro. Me escondo
ilusorio en otra sombra.
No hay vida si no me nombra
el otro, al que le respondo,
sumergido en lo más hondo
de los dos, y el otro grita.
El otro soy yo. ¿Quién quita
que alguno de los dos sea
sombra del otro, marea
de alguna sombra infinita?



Tercera ilusión

Para los jóvenes de La Criolla,
que ni siquiera tienen un terreno de pelota
donde batear sus miserias.

Soy un animal sediento
dentro de un vaso de alcohol,
y voy, como un caracol
que se arrastra sobre el viento;
apenas salir intento
de la jaula de los dones,
me encuentro con las razones
de ser un hombre suicida,
atrapado sin salida
en un mundo de ilusiones.

De Manual de las ilusiones (Editorial Capiro, 2015)



FÁBULA SOBRE LA MUJER QUE LÍA EL AMOR

Y en ti desembarqué, 
como el sobreviviente 
del naufragio más grande 
que se tiene memoria. 
y tú fuiste mi puerto.
ANTONIO CISNEROS

Estoy oyendo crecer a mi hijo.
FRANCISCO UMBRAL

Una mujer lee un libro sobre el amor 
y se sienta luego a esperar por el viento 
y el viento se llena de sus ojos 
no importa si el amanecer fue gris 
o si las gaviotas temblaban sobre el arrecife
no importa porque una mujer 
que lee un libro sobre el amor y sueña el mar 
es como una playa infinita 
como un pequeño universo líquido 
que se expande hacia todos los puntos del horizonte 
una mujer que lee un libro sobre el amor 
mientras escucha crecer a su hijo 
en la habitación contigua de la suya 
es ella misma el mar /un mar 
hondo y metafísico en cuyo fondo azul 
se amontonan los restos de naufragios

Lo confieso /una vez fui marinero 
en los ojos de una mujer 
que se había bebido el mar 
mientras leía un libro sobre el amor 
y su hijo crecía en otra casa 
pero luego hizo viento 
y mi barco se fue a pique 
y me hundí definitivamente 
hasta que me hice memoria en sus ojos 
                 una mujer cuyos ojos han visto marchar a Odiseo 
                 es como una niña que sueña barcos ebrios
                 que en la alta noche 
                 pasan 

Una vez soñé a una niña que soñaba el mar 
y en sus ojos yo mismo era sueño 
una mujer cuyos ojos jamás se cierran para soñar 
es un cielo de náufragos /una constelación 
un astro que late a solas y se quema
una vez me perdí en una isla desierta 
que era una mujer perdida en una isla desierta 
y el mar rodeaba todas nuestras horas 
y nuestros ojos se llenaban de barcos 
cuyas velas se izaban para partir
a lo oscuro

es terrible ser isla en un mar poblado de fantasmas 
y yo amé a una mujer que era una isla 
habitada por un niño 
una isla que se quedaba dormida 
mientras escuchaba crecer a su hijo en la isla contigua 
y yo le di la mano 
y naufragué en sus costas 
y juntos, 
mientras escuchábamos el rumor sexual de las olas,
nos sentamos a esperar el navío de los conquistadores
que no llegaban ay que no llegaban

Pero una mañana el niño despertó 
y nos encontró abrazados sobre la arena 
y el cielo de ese día se llenó de extraños sonidos
y las gaviotas sobrevolaron la longitud de la isla
y los arrecifes levantaron largos brazos célibes a la noche liviana del mar 
y la música del amanecer se alzó sobre las rocas 
y sobre los barcos que regresaban a puerto 
y entonces esa mujer que leía un libro sobre el amor 
abrió los ojos y el azul penetró como una estrella 
en mi corazón
y en el corazón de la noche.


UNA MUCHACHA CAMINA DE LA MANO DE SU HIJA

Para Anisley,
ella sabe por qué.

La muchacha de los ojos felinamente azules
ha mirado de frente a la tristeza 
                                      /y se ha quedado ciega
la veo caminar por el borroso parque
siempre al lado de su hija
con el rostro difuso como los viejos puentes
que nunca vio crecer en su ciudad
/o en su recuerdo
la niña hecha migas al estanque
donde sueña los peces que no acuden
esta ciudad de Dios se ha quedado vacía
con una mujer ciega 
                    /y una niña en la fuente

la muchacha de los ojos felinamente azules
camina hacia la calle Malavida y no lo sabe
solo para no ver el rostro de quien a diario la desnuda
y escupe su piel con un odio antiquísimo
golpeándola en la hierba amarilla de su memoria
rompiéndole los huesos a su recuerdo
                    /ella recuerda a una niña 
que camina hacia un parque desmemoriado y solo
con unas pocas migas para alimentar peces ilusorios

se estremece en la noche 
tiembla como un animal atado al cepo de su propia conciencia
una casa sin flores y una niña rota 
muerta viviendo al borde del azoro
ve escabullirse los abrazos 
crecer la cocina como un monstruo 
los pasos amarillos se le llenan de escarcha
se ahuecan contra la pared que el tedio ha derruido
en una casa que el frío ha derruido
jugándose un amor derruido por la rutina
                 /un amor fósil 
                 /sin nada por descubrir
                 /ni qué encontrar
sin horizontes ni caminos por los que huir
un amor cuya única certeza
fue devorada por la nieve del tiempo

aquí está esa muchacha
la veo caminar como un pájaro hambriento
al lado de su hija hacia ningún lugar 
con sus ojos azules como un pozo
que se ha quedado ciego de mirar al pasado
encerrada en una jaula que se rompe con las palabras muertas 
que esta noche para ella no tendrán sentido 
                   /sola 
                   /en medio de todos 
                   /ovillada en el puño de su hija.


EDIFICIOS

El buen arquitecto de su tiempo
levantó un edificio muy alto, 
más alto que el edificio 
que en otro tiempo había levantado 
otro buen arquitecto de su tiempo.

El edificio fue habitado 
por gente de su tiempo, 
gente humilde de un tiempo humilde 
como siempre es el tiempo presente.

Pero el tiempo presente pasó. 
Y el tiempo futuro pasó. 
Y pasó el edificio que había construido 
un buen arquitecto de su tiempo.

Todo pasa, incluso la altura.
Las cosas que siempre nos parecen altas un día, 
al día siguiente las vemos perder altura, 
cuando no derrumbarse.

¿A lo largo de mi corta vida 
apenas treinta y tres años, 
cuántos altos edificios no he visto pasar de moda, 
es decir, de altura; y cuántos más 
no he visto ya derrumbarse?

En su lugar nuevos edificios, 
se han alzado como apéndices, 
sobre la vieja altura breve 
de la memoria de los otros.

Yo que no soy un buen arquitecto 
también construyo mi edificio.
Construir es la ley del arquitecto.

La ley del buen arquitecto 
es sobrepasar la altura de su tiempo 
construir para que el tiempo futuro 
se levante brevemente sobre él.


CONTRA LOS POETAS

Estoy harto de los poetas
sentados sobres sus nombres como reyes dormidos 
tan ególatras tan fingidores
unos con las armas enfiladas hacia el prójimo
buscadores de un agujero en el cual derramarse o distraerse
otros fundando grupos con el cerebro sexual del pene 
que imprimen a sus jergas una violencia de baja estafa
sensacionales y baratos como el pan diario
con su eterna vocación de víctimas 
o de agresores del orden los poetas sí 
tan caros vendiéndose por un salario mísero 
a las putas chilenas angoleñas inglesas brasileras (o al estado)
sin que les importe un bledo su condición de sujetos reprimidos
su insuperable sentimiento de isla 
con su delirio de grandeza cada día más grande 
entre todas las cosas no soporto la solidaridad de las poetas 
capaces de hacerse el amor unas a otras 
con sus labios pintados como putas sin hombre ni salario 
estoy harto de los clásicos inmóviles 
fundidos sobre la fundación de un sublenguaje 
o de una élite eleata y analógica 
llenos de frases hechas y filosofías gremiales
no soporto a los poetas románticos 
muriéndose por la puta que los somete 
y los hecha en el tacho de la basura 
frágiles como hijitas de papá 
los poetas me dan escalofríos 
cuando posan en los carteles del poder y de la fama 
y se pintan los labios para que el vulgo les dé su voto 
tan hijos de sus madres llenándose el corazón de alimañas 
me aburren los poetas humanos 
como me aburrieron un día los políticos humanos 
que el tiempo volvió perros y lobos 
los poetas son peores que la lepra 
porque siempre acaban traicionándose 
se hacen las víctimas de esto o de lo otro 
me dan asco cuando se paran en público 
y ponen cara de circunstancia 
se ajustan los espejuelos y dicen «yo soy» 
como si dijeran «jódanse» 
los que parecen no ir jamás al excusado
y los que confunden el excusado con la página
no soporto a los poetas canónicos 
y si no estuvieran muertos los mataría yo mismo 
sin contemplación 
pues el fuego de la muerte es el poema mayor 
me dan pena los poetas moribundos 
que escriben poemas a la muerte 
como si ya no fuera suficiente con morirse 
como si a la humanidad no le bastara con usureros 
contra los poetas escribo este poema 
contra los poetas que se sientan sobre sus caritas de ángeles 
contra los que se hacen los locos 
y los que se las dan de figuras de feria 
y los que se sientan a hablar mal de otros poetas 
contra ellos escribo 
contra ellos la vida levanta sus días veloces 
contra ellos prende la nieve su palidez ardiente 
contra los poetas el tiempo transcurre a toda máquina 
estoy harto de los poetas que hacen del poema 
una guerra un ring una cuerda floja 
pero los que más me atortolan son los otros 
los que llevan vestiditos rosados 
en sus almitas verdes de loritos inofensivos 
qué lastimeros los meros poetas maromeros 
escondidos en el juego fatuo del verso parapléjico 
y esas niñitas semiputas hombrunas 
llenando páginas y páginas de vaginas 
y fluidos con sus caras de moneda gastada 
es absurdo lo que han hecho de la poesía 
los poetas en función y los difusos poetas fabricados 
que agreden con sus piedras a medio hacer 
cuyos libros se pudren merecidamente en el hielo del polvo social

estoy harto de los poetas
no quiero ni mirarme al espejo.

POEMA COMPLETAMENTE ALBA

Para Wilma,
una vez más.

Alba tu mano y alba tu sonrisa 
en el alba tu piel se vuelve alba
y el alba en tu pelo se refleja
son alba tu nombre y tu apellido
y alba la música que escuchas
y las palabras que dices en silencio
hacen que el alba me amanezca
y cuando sonríes amanece el alba
aunque la noche de tu pelo alba
el alba esconda me la traen tus dedos
donde el alba se acuesta y se hace música
en el alba floreces y en el alba las flores
cubren tu habitación y al alba los pájaros 
te cantan y sus cánticos traduces
en alba y melodías son tus sueños
un rizoma de albas que se enredan
y dan a luz un alba pequeñita
un alba clara y lúcida y pequeña
que en tus brazos de alba se estremece
y de tus pechos albas amamanta
y de tu sangre alba se alimenta
y con llantos de alba rompe el ritmo
del alba cuando te despierta alba
tu mirada alba tu sexo alba tu corazón
llevas el alba debajo de la ropa
cuando te pones el alba de sobrero
y cuando mojada con el alba sales
de la ducha donde el alba queda
cogida con mínimas horquillas
y todo lo que tu alba toca alba será
por vocación del alba que tú eres.


DIALÉCTICA DE LOS DÍAS

Che, es tarde en la noche,
mi madre está acostada, hoy la hemos llevado al médico,
así que voy a hablarte rápido, de hombre a hombre, 
como te hubiera gustado que te hablara.
para empezar, solo un comentario,
esta tarde cuando volvíamos del hospital
sentado en los muros de los portales del pueblo
estaba el hombre nuevo, es decir, los muchachos olvidados
olvidándose de todo, incluso de tus huesos, 
porque una cosa es segura, nada se hace más fácil que el olvido,
y esos muchachos que una vez querían ser como tú
¿lo querían realmente o solo era una trampa de la edad?
tienen sueños muy grandes, como los que yo tuve un día
o como los tuyos, de conquista y libertad.
en fin de cuentas, ya ni siquiera llueve,
los tiempos han cambiado mucho últimamente,
no lo hubieras creído ni soñado, las guerrillas
se hicieron polvo de coca, la libertad se fue
a un burdel de Ámsterdam, zona roja,
y las niñas de este pueblo pobre cuyas fachadas se desmoronan 
como los muros que tampoco viste caer, pero que sí imaginaste, estoy seguro,
anhelan parecerse a Linda Lovelace, a Sophía Rossi, a Jenna Jameson,
en fin, todo se jode demasiado pronto,
incluso los mejores sueños, los más inocentes, 
como aquel en que querías hacer el hombre nuevo.
si tuviera tiempo te hablaría, solo unas líneas, del hombre nuevo
pero pensándolo bien no, de qué hombre nuevo voy hablarte,
si el hombre nuevo ya pasa de los sesenta, y al otro, al que sucede,
le gusta demasiado la alcurnia y todos han envejecido juntos
incluso los más jóvenes, los que aún repiten mecánicamente
aquella lejana divisa que también yo repetí mecánicamente
como todos, pero en fin, a qué seguir por esta agua,
me hubiera gustado que vivieras esto, 
me hubiera gustado saber qué hubieras hecho tú
viendo como todo se pudre, 
viendo como todo se va cayendo como el mono del cuento
sin embargo, las cosas cambian, y tú que leíste a Marx lo sabías,
y es inútil luchar contra la dialéctica de los días moribundos,
ahora hay cine 3D, computadoras portátiles, 
estas cajitas muy sabias donde todo cabe, 
incluso la muerte y el hombre nuevo,
ahora hay Internet, que es como viajar a otro mundo, 
no sé si me explico, y en Internet dicen que está la libertad, 
y que también hay un hombre nuevo, es decir, otro,
pero en fin, qué más decirte, 
qué más que no hayas imaginado, 
qué más que no hayas soñado, que no hayas intuido, 
incluso que no hayas sospechado, 
quizás debiera contarte que no todo es absolutamente moderno
todavía tenemos guaguas checas —inmemoriales, carcomidas, gimientes
todavía tenemos colas —vociferantes, graves
todavía tenemos miedo 
y el problema de la economía, algo que siempre te interesó, 
lo hemos resuelto radicalmente: nuestra economía está muerta, 
lo mismo que la industria y que la agricultura, 
aunque para paliar ciertas desdichas hemos incrementado el turismo 
y tenemos remesas y Marina Hemingway y doble moneda
ya sé, ya sé que estás asombrado, que no te lo esperabas,
en fin, conozco mejor que tú nuestras traiciones, pero qué le vamos a hacer, 
si el único culpable es el futuro
porque el futuro nunca es como uno quiere que sea,
te equivocaste, nos equivocamos, el tiempo sigue, amigo
aunque este cáncer terrible de la era moderna 
nos coma el alma y nos la devuelva luego vestidita de rosa 
y con alitas.






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